Consejos para modificar la conducta

Modificar la conducta es uno de los elementos clave a la hora de bajar de peso y a continuación les damos una serie de consejos para modificar esta conducta de forma sencilla.

Consejos para modificar la conducta

Siete consejos para modificar la conducta de forma fácil.

Compre solamente los alimentos previamente anotados en una lista.

La dieta comienza en el mercado. Es más sencillo resistirse a los pastelillos del estante de la tienda que a los que guarda en la alacena de su casa, y tiene usted que entrenarse a hacerlo. Antes de salir a la compra consulte la Segunda fase: la nutrición, y el recuadro “Rendirse a la tentación”, que encontrará en las próximas páginas. Siga las recomendaciones cuando elabore la lista de productos a comprar, y no la varíe en el momento de efectuar la compra.

Vaya a la compra sólo después de comer.

Resulta todavía más sencillo resistirse a los pastelillos si lleva el estómago lleno. Lo mismo sucede con las chuletas de cerdo de oferta o con los embutidos del mostrador.

Compre primero todos los productos que lleve apuntados.

Un carro de la compra rebosante, como un estómago lleno, frena el impulso de comprar. Cuanto más se llena el carro y más sube el dinero gastado, más declina el deseo de hacerse con productos que le atraen en un momento dado. Además, le resultará más difícil esconderse a sí misma los pastelillos si están encima de todo el contenido del carro.

Logre que sea aburrido el contenido del frigorífico.

Nada impulsa más a una alimentación adecuada, ni desanima más al querer pegar un último bocado antes de ir a la cama, que tener un montón de frutas, verduras, requesón, yogur, bebidas sin azúcar y té helado sin endulzar en la nevera. Impida que sus ojos golosos se posen fácilmente en las tentadoras golosinas y en las sobras de platos agradables al paladar, procediendo a cubrirlos en recipientes opacos de plástico. Si esto resulta insuficiente, desconecte la bombilla del frigorífico.

Elimine de la alacena lo que pueda servirle para picar.

Si necesita usted comprar productos de este tipo—y en este punto debe preguntarse seriamente si lo hace de verdad por los niños o por un invitado ocasional—, colóquelos en latas o recipientes cuyo contenido resulte invisible. Luego sitúelos en el estante más alto, de modo que alcanzarlos le represente un esfuerzo. Este esfuerzo le hará sentirse culpable, y cuando este sentimiento de culpabilidad sea lo bastante poderoso, dejará de efectuar el esfuerzo.

No se salte nunca una comida, en especial un desayuno.

Uno de los estímulos externos más fuertes es el reloj. Descubrirá que le resulta mucho más sencillo abstenerse de un bocado fuera de horas que de una auténtica comida; muchos son los que ayunan a la hora de comer y hacen ostentación de su ascetismo en la oficina, para luego compensar esas calorías que le faltan durante el resto de la jornada.

Coma siempre en el mismo lugar.

Los bocados pueden parecerse más a una comida, y su contenido calórico puede registrarse con mayor claridad, si se consumen en el comedor en lugar de sobre el mármol de la cocina o en el automóvil. Además, al convertir cada comida en una actividad totalmente separada y distinta de las demás, se logra una mayor satisfacción con lo que se come y una mayor sensación de saciedad, en términos psicológicos, aparte de que se mantiene un mayor control sobre lo que se consume.

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