Régimen, el engaño televisado de la dieta

Para reclutar su regimiento de mujeres « Régimen », participantes en el primer tratamiento de adelgazamiento televisado, André colocó pequeños anuncios en ciertas publicaciones dedicadas al mundo del espectáculo en las que se leía: «Se buscan chicas gordas que antes fuesen delgadas, para reducir peso.»

Cierto número de mujeres que contestaron no eran actrices ni mucho menos, pero todas lograron la aprobación de André. Otras eran actrices de cierta valía que, por una u otra razón, habían aumentado tanto de peso que les resultaba difícil encontrar papeles; éstas consideraron el plan de André como una manera de reducir su peso y conseguir de nuevo una silueta que les devolviera al mundo del espectáculo.

Régimen, el fraude televisivo

Régimen, cómo funcionaba el fraude de más éxito

Existía una tarifa para todas las apariciones personales en el programa Régimen, más una prima de cincuenta dólares por cada medio kilo perdido después de los siete primeros. Esto podía representar para una habitual del programa una cifra bastante considerable, y una de las «amas de casa normales» más populares del programa informó posteriormente haber conseguido 17.701 dólares en poco más de un año.

Aquella mujer informó también, cuando estalló el escándalo del «Régimen» y las actrices comenzaron a hablar, que ella y las demás habían sido aleccionadas cuidadosamente antes de cada aparición pública, para que no atribuyeran una parte excesiva de su pérdida de peso al producto o para que no se les escapara ninguna alusión a su verdadero régimen alimenticio. Se las entrenó para enaltecer el «Régimen», afirmar que el producto les hacía desear comer menos de lo que hacían antes… e inducir al telespectador a que sacara sus propias conclusiones. Nunca debían decir que no estaban a régimen, pero tampoco debían mencionar que se sometían a una dieta muy severa de bajo contenido en calorías.

Resultaba muy interesante el hecho de que André nunca prescribiera a ninguna de sus actrices dieta alguna. Los pagos en metálico que ofrecía, combinados con el acuerdo implícito de que si no llegaban a perder un mínimo de nueve kilos durante el primer mes de dieta se daría por terminado el contrato y con él las lucrativas apariciones en televisión, fue el único estímulo que aquellas mujeres necesitaron para someterse a un régimen cercano a la inanición y tan espectacular como debilitador.

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