Obesidad crónica, causas y soluciones

La obesidad crónica no tiene una explicación simple, del mismo modo que tampoco tiene ésta una solución fácil. Ann Scott Beller observa que “para la gran mayoría de los obesos crónicos, el comer mucho es el último y posiblemente único lazo de unión de una larga cadena de conexiones causales entre la comida que ingieren y la carne que terminan por almacenar”.

obesidad crónica

Teorías para combatir la obesidad crónica

A lo largo de los años se han propuesto muchas teorías para explicar la obesidad, y por norma general las que han resultado más atractivas y han gozado de más popularidad son aquellas que reducen el problema a las causas más simples y las que más se extienden en exculpar al individuo.

En poco menoscaba esta popularidad el hecho de que se apoyen en las bases más impensables o en las referencias más erróneas, pues los obesos del mundo occidental todavía tienen la costumbre de disculpar su total indulgencia respecto a su estado físico insistiendo en que tienen problemas glandulares, de tiroides o de hipoglucemia.

Todos estos trastornos metabólicos han sido utilizados, tanto por pacientes como por médicos, para justificar seudocientíficamente un exceso de peso que la profesión médica no ha logrado eliminar mediante persuasión del paciente, o que éste no ha conseguido suprimir por su cuenta.

Lo cierto es que sólo uno entre mil pacientes tiene realmente algún tipo de problema glandular que justifique un grado serio de obesidad, y que con mucha frecuencia tales irregularidades metabólicas son más bien consecuencia de la obesidad que causa de ella.

De hecho, el doctor Gastineau destaca que, por la experiencia que él tiene, “no hay problema endocrino que produzca obesidad si no se come en demasía”.

El hecho ineludible, continúa el doctor Gastineau, es que el obeso debe comer más que la persona normal para mantener su grado de obesidad. Todo el que diga otra cosa no hace más que engañarse a sí mismo y a su médico.

La gordura —dice Gastineau— sólo proviene de la comida, y la obesidad sólo es el resultado de comer más de lo que se requiere para las necesidades energéticas del cuerpo.”

Se ha sugerido que algunos individuos obesos tienen un mecanismo de conservación de energía —apto para almacenar con más eficacia las grasas y quemarlas más lentamente que las personas normales—, pero la presencia de tal mecanismo, si es que existe, nunca ha llegado a demostrarse de un modo fehaciente.

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