Pastillas para adelgazar, la benzocaína y otras drogas

En los años 50, John André desarrolló un sofisticado fraude basado en un régimen de adelgazamiento y apoyado en un programa de televisión de éxito. Un grupo de actrices que se hacía pasar por amas de casa se sometían supuestamente al régimen creado por este oportunista, en el precursor de los realitys televisivos que hoy triunfan en la televisión.

La benzocaína como producto milagro

El fraude de la benzocaína y otros supuestos milagros

El principal ingrediente de las píldoras verdes de «Régimen» era la benzocaína, completada con varias vitaminas. El prospecto que las acompañaba las describía como supresoras del apetito que funcionaban amortiguando la sensación del gusto en las glándulas salivares. Como veremos en el próximo capítulo, cualquier combinación o dosis de vitaminas, en la forma que sea, no tiene impacto alguno en la obesidad, mientras que la benzocaína no es más que un analgésico tópico de acción moderada. Es discutible que la benzocaína en dosis tan mínimas —7,5 miligramos por tableta— tuviera algún efecto en las glándulas salivares, aparte de que las glándulas salivares están en la cavidad bucal mientras que las píldoras iban al estómago.

La píldora rosa de «Régimen» contenía un ingrediente que garantizaba la eliminación «del exceso de fluido que hace aumentar el volumen del tejido adiposo y que constituye más del setenta por ciento de éste». Tal ingrediente era el clorhidrato de amonio, un diurético moderado, que en dosis suficientes puede llegar a provocar una pérdida total de peso mediante la deshidratación. Sin embargo, como informaron los expertos de la Asociación Médica Americana consultados por la Oficina Nacional de Empresas, la pérdida de agua sólo podía provenir del tejido extracelular, no del adiposo, y en todo caso éste está compuesto, como máximo de un 20 por ciento de fluidos, y no del 70% como afirmaba el prospecto. Es más: la pérdida de agua no es más que pérdida de agua, como se apresuraron a señalar los expertos de la A.M. A. En ningún caso se produce reducción de grasas, y el líquido perdido vuele a recuperarse en cuanto se abandonan los diuréticos y se reanudan los hábitos normales en el comer y el beber.

La delegación de la A.M.A. se mostró igualmente escéptica acerca de la eficacia de las píldoras amarillas de «Régimen», que se anunciaban como poderosos supresores del apetito. Estas tabletas contenían clorhidrato de fenil-propanolamina, un estimulante del sistema nervioso central que había demostrado anteriormente alguna eficacia como inhibidor del apetito, pero sólo en dosis dos veces más poderosas que las contenidas en las píldoras de André.

Como mucho, el impacto de las píldoras en el apetito podía considerarse «moderado», según opinión de los expertos, y con toda certeza su eficacia era de duración muy limitada. Las pequeñas dosis permisibles en un complemento dietético del estilo del «Régimen» no podían tener un gran valor, según los expertos, y a ello se añadía que el propanol, como también se conocía al compuesto, había sido abandonado casi totalmente por la profesión médica después de cuatro décadas de experimentación sin resultado.

Al principio, a las amas de casa de André les resultó fácil lograr cada semana una considerable pérdida de peso, pero cuando la dieta prosiguió y cada una de las mujeres fue aproximándose a su peso ideal, el trabajo fue haciéndose más y más difícil. Las exigencias de André hicieron surgir malhumores y depresiones crónicas, rasgos comunes de todas las dietas extremas, y varias padecieron edemas, retenciones de agua e hinchazón de las pantorrillas y tobillos.

Se les administró fenobarbital para los nervios y diuréticos para encubrir el proceso de deshidratación, y cuando ya nada más pudo hacerse, pasaron simplemente a ayunar.

Las píldoras en que consistía el programa «Régimen» venían presentadas en tres colores —verde, amarillo y rosa—, y cada una de ellas contenía un producto químico distinto y cumplía una función específica distinta. Una caja para diez días tenía un precio de costo de unos dieciocho centavos y se vendía a tres dólares, con un beneficio del 1.600 por ciento.

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