Herman Taller, entre la ciencia y el negocio

 

Pese a todas las advertencias de los científicos respecto a los graves errores contenidos en el libro de Herman Taller, éste podría haber alcanzado su ideal de seguir «llevando una vida plena», de no haber obrado con un exceso de codicia. El buen doctor no sólo recomendaba a sus lectores que tomaran píldoras diuréticas (para rebajar el peso mediante la pérdida del agua contenida en el organismo) y píldoras tiroides (para elevar el metabolismo basal), sino que también les animaba a ingerir aceite de flor de azafrán en forma de cápsulas. Incluso facilitaba al lector el nombre y la dirección de un fabricante de tales cápsulas. La Food and Drug Administration, convencida de que el libro de Taller no era más que un medio tan sofisticado como engañoso de promover la venta de tales cápsulas, procedió a confiscar los ejemplares aún no vendidos del mismo.

 

herman taller

Herman Taller y su engaño

 

El fabricante de las cápsulas no tardó en demandar a los editores de Herman Taller, quienes contestaron con la misma prontitud. En el curso del juicio consiguiente, la extraña relación de Taller con el fabricante de las cápsulas quedó en la más completa oscuridad. Al parecer, Taller recomendaba a los lectores que tomaran un máximo de ochenta y cuatro cápsulas al día, en vez de beber cien gramos del mismo aceite embotellado. El precio —y ello no es de extrañar— era astronómicamente mayor en el aceite en forma de cápsulas, y los beneficios de ambos, tanto del fabricante como de Taller, eran en consecuencia mayores. Al final, el médico y sus colegas fueron condenados por fraude, conspiración y violación de las leyes federales sobre drogas.

 

Había, al parecer, tres lecciones importantes que extraer de la experiencia del doctor Herman Taller. La primera era que una dieta de alto contenido en grasas produce una pérdida de peso más rápida incluso que las de alto contenido en proteínas; el régimen de Taller, basado en que «las calorías no cuentan», funcionaba porque el paciente gastaba 1.500 unidades de hidratos de carbono por cada 900 de grasas. Este déficit de 600 calorías era consecuente en sí mismo, aunque su importancia quedaba minimizada ante el impacto de una dieta de otro tipo que tuviera un 65 por ciento de grasas por sólo un 5 por ciento de hidratos de carbono.

 

La segunda lección es que las calorías sí cuentan, como comprobaron rápidamente muchos médicos responsables en unos experimentos efectuados en la Escuela de Medicina John Hopkins de Baltimore. Allí, durante un período de varias semanas, un grupo de estudiantes voluntarios se alimentaron con una dieta calculada para proporcionar a cada uno el número exacto de calorías que necesitaba para mantener su peso. Luego, durante otro periodo de tiempo, se les alteró la proporción de hidratos de carbono, grasas y proteínas. Es muy significativo que todos los estudiantes mantuvieran su peso anterior, fueran cuales fuesen las proporciones de la dieta, lo cual indicaba que todas las clases de elementos nutritivos son productores de grasas por igual, por caloría.

 

La tercera lección que se ha sacado del caso de Taller es que se puede vender una idea, pero no un producto, y los siguientes promotores de las dietas tipo Banting han tenido mucho cuidado en evitar esta trampa legal. Entre ellos podemos destacar al doctor Irwin Stillman, que ha hecho fortuna con la promoción de sus dos libros, versiones de la dieta mencionada y que son muy notables por su grado de excentricidad. La dieta básica de Stillman consiste en carne, aves, pescado, huevos, queso fresco y agua, ocho vasos de agua al día. Para variar, Stillman ofrece sesenta y cuatro dietas complementarias de «pérdida rápida de peso» entre las que escoger. Todas ellas son variaciones sobre el mismo tema, y todas recogen uno de los tópicos de las dietas. Si se le ofrece a un obeso un régimen muy estricto pero se le permite relajar su apetito con otros productos —digamos plátanos, uva o yogur—, lo hará durante una temporada, pero después le resultará imposible ver un plátano y mucho menos comerlo, y aceptará de buen grado comer tan sólo de los productos indicados en la lista.

 

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