Dietas cetogénicas y su intolerancia

Las dietas cetogénicas tienen como primer signo de creciente intolerancia una baja presión arterial patológica, seguida habitualmente por una sensación generalizada de fatiga. Dos meses parece ser el tiempo máximo que se puede resistir este tipo de régimen.

dietas cetogénicas

Precaución ante las dietas cetogénicas

Existen otros efectos secundarios de tales dietas, menos evidentes pero igualmente perniciosos, uno de los cuales consiste en que las dietas cetogénicas, al ser altas en grasas, no sólo aumentan los lípidos de la sangre y los niveles de colesterol, sino que aceleran el desarrollo de las arteriosclerosis.

A largo plazo, no parece haber nada de recomendable en este tipo de dietas extremas frente a las de restricción de calorías y nutrición equilibrada, y sí en cambio mucho en su contra.

Una alternativa al ejercicio físico intenso —que muchos obesos se niegan a seguir— y las dietas extremas —que muchos de ellos no podrían tolerar—, consiste en el grupo de dietas tipo Weight Watchers, Diet Workshop o TOPS, todas las cuales se basan en terapias de grupo centradas en ayunos y abstinencias.

Según el doctor Bruch, que ha estudiado extensamente tales grupos, están compuestos en su mayor parte de mujeres de mediana edad y clase media que se sienten aisladas tanto cultural como emocionalmente.

Como es natural, tales grupos no tienen valor alguno para los individuos obesos crónicos con profundos trastornos en su personalidad, pues tales personas necesitan mucho más que el agradable ambiente social que es característica principal de estos “clubs de perdedores de peso”.

Sin embargo, para sus millares de miembros la combinación entre la humillación pública y el estímulo privado resultan incentivos muy eficaces para proseguir la reducción de peso, al menos mientras el asociado pertenece al club.

Quizás el punto que ha significado un desarrollo más interesante en el campo de la dietética durante el siglo pasado es el que se conoce como modificación de la conducta.

Basado en la teoría de que la obesidad es un trastorno de conducta convertido en adicción, semejante al alcoholismo o al consumo de drogas —y ambos difíciles y complejos de cambiar precisamente por esta razón—, el programa de modificación de conducta trata de cambiar el cómo se come más que el qué se come.

En ocasiones, los resultados son deslumbrantes. Los métodos convencionales de reducción de peso raramente consiguen que más de uno entre cada cuatro practicantes alcance una reducción de diez kilos, y menos de un cinco por ciento llega a perder hasta veinte.

Los mejores especialistas en modificación de conducta informan, en cambio, que un asombroso ochenta por ciento de sus pacientes logra sin dificultad la primera cifra, y que a la segunda llega un treinta por ciento.

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