Dietas basadas en alimentos naturales

En este artículo vamos a tratar el delicado tema de las dietas basadas en alimentos naturales. La frase que el doctor Russell Randall dedicó al libro de Adelle Davis Let’s Get Well —<es peligroso en extremo e incluso mortal en potencia>— podría aplicarse perfectamente a los regímenes más extremos de alimentos naturales, y tengamos en cuenta que cuanto más rígida es la dieta, más extrema se vuelve.

Dietas basadas en alimentos naturales

Problemas de las dietas basadas en alimentos naturales

Estas dietas que sólo contienen vitaminas naturales y que, casi inevitablemente, contienen también cientos de esos aditivos químicos, absorbidos del suelo o de la lluvia. Nuestros esfuerzos son cada vez más ridículos y no nos proporcionan mejora alguna. Seguimos padeciendo problemas dentales, anemia, estómagos delicados, terribles dolores de espalda y jaquecas debidas a la tensión.

Y, como las ostras de Lewis Carroll, <a algunas de nosotras se nos ha cortado la respiración, y todas estamos muy gordas>. Es interesante constatar que a menudo este tipo de regímenes permite a los individuos obesos lograr una pérdida de peso, no porque se propongan este fin, sino porque son muy bajos en contenido proteínico y representan un desequilibrio en la nutrición.

La más pura de todas estas dietas, y por ello también la más peligrosa, es la macrobiótica Zen creada por George Ohsawa, que se presenta como un curalotodo universal, como remedio para cualquier enfermedad, de la caspa al cáncer. El núcleo de la dieta macrobiótica está en los cereales, y principalmente en el arroz moreno o integral. El régimen macrobiótico incluye al principio pequeñas cantidades de verduras y de vez en cuando algunos bocados de pescado, carne, productos de granja y frutas, pero su pretensión es la eliminación gradual en la dieta de todo aquello que no sea el arroz integral.

Un estudio clínico de hombres y mujeres integrados en un régimen de este tipo reveló que el grupo ingería menos de la mitad de las necesidades energéticas diarias que los expertos consideran imprescindibles, y sólo entre dos tercios y tres cuartos de las necesidades proteínicas. De hecho, sólo el consumo de vitaminas A y C queda por encima de los promedios considerados más convenientes. Los lectores que conozcan la experiencia de los prisioneros de guerra americanos en los campos de internamiento japoneses —donde la dieta consistía en arroz y agua—, no tendrán muchas dificultades para comprender por qué algunos discípulos de Ohsawa apuraron sus dietas de inanición hasta la muerte.

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