Complementos dietéticos fraudulentos

Donde hay un mercado, habrá un producto para él, por lo que no resulta sorprendente que la larga y desanimadora historia de la guerra del hombre contra su propia cintura esté repleta de complementos dietéticos fraudulentos, cada uno de los cuales se anuncia como la solución final al rompecabezas de la obesidad, todos con la promesa de reducir peso mediante la adición del producto a la dieta. complementos dietéticos

El desamparo del consumidor frente a los complementos dietéticos fraudulentos

Todos esos productos, píldoras, hormonas, fórmulas, lociones, pociones y ungüentos han logrado desarrollarse con la suficiente habilidad para que los obesos volvieran los ojos hacia ellos en un momento u otro. Y este público crédulo y desesperado siempre se las ha arreglado, una y otra vez, para olvidar el sentido común en aras de una nueva «ayuda milagrosa» que les llevara a perder kilos, convirtiendo de este modo la charlatanería sobre la nutrición en uno de los mayores chantajes de la historia de la salud.

Esta inacabable serie de complementos dietéticos  que se cierne sobre el desprotegido consumidor sobrado de peso es directamente atribuible al hecho de que los promotores de los métodos de adelgazamiento no están obligados por la ley a demostrar la seguridad y la eficacia de sus productos antes de ponerlos en venta, al contrario de lo que sucede con los fabricantes de drogas, obligados a vender sus productos bajo prescripción médica.

Sin embargo, el éxito comercial de tales dietas debe atribuirse a lo que hemos denominado anteriormente nuestra capacidad, al parecer ilimitada, para engañarnos a nosotros mismos en todo lo que se refiera a regímenes alimenticios. Cómo explicar, si no, que miles de americanos se lanzaran a comprar un producto destilado, fabricado con frutos del África occidental, del que se decía que tenía un efecto edulcorante sobre los productos de bajo contenido calórico, sólo con mantenerlo en la boca un par de minutos antes de las comidas.

O cómo explicar la breve pero considerable popularidad de que gozó el «vino de los Rosacruces», una poción que, según se decía, derivaba de una fórmula secreta conocida sólo por los miembros más selectos de la venerable orden mística. Suena a todo menos a posible, por mucho que su promotor indujera a algunos de los personajes mundanos de más renombre en Europa Occidental a que hicieran demostraciones de su producto en su balneario suizo, con la promesa de que lograrían un 75% de reducción de su apetito sin que ello les produjera ningún malestar.

Por lo que parece, los complementos dietéticos fraudulentos son casi tan antiguo como el mismo problema de la obesidad. Los complementos dietéticos siempre se han vendido más que los afrodisíacos, quizás porque la impotencia y la frigidez son menos universales que la obesidad, pero no porque los resultados conseguidos por los productos adelgazantes hayan sido más convincentes.

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