Cómo controlar el proceso de adelgazamiento

Cuando ni la disciplina ni la voluntad logran refrenar ese impulso “instintivo” e incontrolable de lanzarse a abrir la nevera, es útil armarse con un plan de control de la compulsión.

En dicho plan se anotan las circunstancias que le empujan a uno a comer aunque no se tenga hambre. Cada vez que surge la compulsión de comer, y antes de sucumbir (si se sucumbe) al deseo, se apuntan los detalles de la situación.

Naturalmente, el plan no sólo deberá estar a mano (cerca de la nevera), sino que también se llevará encima, por si se pasa delante de una pastelería o se termina comiendo en un estupendo restaurante.

Cómo controlar el proceso de adelgazamiento

Uso del plan

  • Se apuntan el día y la hora.
  • Haz una breve descripción de la situación en que uno se encuentra: está solo, tiene una visita que le ha traído bombones, está discutiendo con la pareja.
  • Describe el estado de ánimo: “estoy triste porque me he enfadado”, “estoy nerviosa porque mañana tengo un compromiso importante”, “estoy aburrida y no tengo ganas de hacer nada”, etc.
  • Anota qué tipo de alimento desea comerse: algo dulce, salado, amargo, lo que sea, algo que hinche.
  • Realiza un comentario de la relación que se mantiene con la balanza: “estos dos últimos días he progresado mucho, he perdido medio kilo” o “llevo una semana con el régimen, lo he hecho todo bien y no he adelgazado ni un gramo”.
  • Se pueden añadir otras observaciones que vengan al caso, como las ideas y pensamientos que se tengan en aquel momento: qué circunstancia podría evitar el atracón, qué podría ayudar o salvar esa situación, etc.

Cómo controlar el proceso de adelgazamiento

Del plan

Se ha comprobado que, cuando las actuaciones inconscientes afloran a la conciencia, son más fáciles de controlar.

El plan que se rellena diariamente durante cierto tiempo muestra numerosos hábitos latentes y comportamientos cuya raíz acaba siendo siempre la misma, y dicha raíz termina por descubrirse.

Por ejemplo, ciertas personas acostumbran a lanzarse en brazos de la comida cuando se aburren; otras pierden el control cuando tienen problemas y están más nerviosas, y hay quienes se atracan regularmente en determinados días y horas, incorporando ese vicio a su comportamiento habitual.

El truco de la demora

Un pequeño truco con el que controlar el mantenimiento de la dieta consiste en demorar cinco minutos la ingestión de ese “maravilloso” alimento.

Al tomar esta determinación se establece un pequeño autocontrol; si transcurridos los cinco minutos todavía se desea comer, hay que plantearse otra demora de cinco o diez minutos más.

A menudo, transcurrido ese tiempo, uno ya no se acuerda de comer (naturalmente, no hay que dejar el alimento a la vista).

Cómo controlar el proceso de adelgazamiento

Sustitutos del deseo

La compulsión de comer frecuentemente responde a una simple necesidad de satisfacción y placer. Por esta razón, es conveniente tener soluciones que igualmente aporten euforia y bienestar, evitando acudir a las calorías.

Los sustitutos son muy variados (e incluso imaginativos), según el carácter y los gustos personales:

  • Comprarse alguna cosa que haga gracia.
  • Salir a jugar una partida de billar con los amigos.
  • Ir a ver una película al cine.
  • Realizar una simple llamada de teléfono a alguien especial.
  • Volver a ver esas fotos del último viaje.

Si se está nervioso, se puede probar con un buen baño de sales para relajarse. En cambio, si se está decaído, darse una ducha refrescante que tonifique la piel y devuelva el vigor al cuerpo. De alguna manera, se trata de premiarse a uno mismo y quedar satisfecho.

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