Ejercicios para obesos morbidos

Los primeros tratamientos conductuales diseñados durante la década de 1970 para el control de la obesidad no tuvieron en cuenta la importancia de modificar los patrones de actividad física de los individuos obesos; sin embargo, actualmente es uno de los componentes básicos que debe tener cualquier paquete de tratamiento conductual.

Teóricamente si se come menos y se realiza más ejercicio físico se alterará el equilibrio energético, favoreciendo la pérdida de peso. Existen siete razones fundamentales:

1. Quema calorías.

2. Contrarresta las enfermedades de la obesidad. Puede disminuir la presión sanguínea y el colesterol, mejorar el metabolismo de los carbohidratos y también el autoconcepto.

3. Proporciona confianza para seguir una dieta.

4. Ayuda a controlar el apetito. Como vimos en el capítulo 3, estudios realizados con animales y humanos sugieren que el ejercicio ayuda a controlar el apetito cuando se realiza de forma moderada.

5. Preserva la musculatura corporal. Haciendo dieta el organismo pierde tejido adiposo y tejido muscular, mientras que combinando la dieta con el ejercicio físico se aumenta la pérdida de tejido adiposo y se disminuye la pérdida de tejido muscular.

6. Incrementa la tasa metabólica. Mediante la dieta y la pérdida de peso se disminuye la tasa metabólica haciendo que el organismo queme menos calorías por el funcionamiento básico. Sin embargo, cuando se combina la dieta con el ejercicio físico se compensa esta disminución de la tasa metabólica y, aunque se desconoce la duración del efecto, el metabolismo se acelera.

7. Correlaciona con el mantenimiento del peso perdido. El ejercicio físico es uno de los factores que predice mejor que el peso perdido durante el tratamiento se mantiene durante largos períodos de tiempo.

El deporte es esencial para la obesidad

Además de las razones señaladas

Y como comentábamos en el apartado 5.4, es importante tener presente que los efectos del ejercicio físico sobre el consumo de alimentos y el peso corporal dependen en parte del tipo de ejercicio, la frecuencia, duración e intensidad de las sesiones de entrenamiento así como la edad, sexo y porcentaje de sobrepeso del sujeto.

Así pues, y como indica Bjórntorp (1976), para que el ejercicio físico reduzca significativamente la grasa corporal, es necesario practicarlo enérgicamente durante, por lo menos, dos meses.

Por otro lado, el ejercicio físico dentro de un programa para el tratamiento de la obesidad ha sido asociado con cambios positivos en el estado de ánimo (Folkins y Sime, 1981; Fremont y Craighead, 1984), o con reducciones significativas del estrés producido por una dieta continuada (Foreyt, Goodrick y Gotto, 1981).

Hasta muy recientemente, los programas conductuales contemplaban la necesidad de incrementar la actividad de dos formas. Una, mediante el análisis del estilo de vida del individuo obeso a través de los autorregistros y posteriormente instigándo le a incrementar su ejercicio cotidiano mediante instrucciones tales como: emplear la escalera en lugar del ascensor, bajarse del autobús una parada antes del destino, aparcar un par.de manzanas de distancia del lugar al que se dirige el sujeto, etc.

Esta línea de actuación tiene la ventaja de que puede ser cumplida sin gran dilación y favorece el cambio de estilo sedentario de la mayoría de obesos, aunque produce cambios de peso escasos (Epstein, Wing, Koeske, Ossip y Beck, 1982)

.La actividad física es lo mejor para adelgazar

La segunda forma de incluir la actividad física

Dentro del programa de tratamiento consiste en diseñar un programa específico para cada sujeto, incrementando gradualmente la calidad y cantidad del ejercicio a realizar. Este tipo de programa va dirigido fundamentalmente a modificar los hábitos de actividad física de los sujetos, teniendo la ventaja de permitir que cada individuo seleccione el tipo de ejercicio que va a realizar así como la cantidad por la que va a empezar.

Katahn (1982) y Brownell (1985) han proporcionado ejemplos excelentes del tipo de programas que deben ser recomendados para todo tipo de sujetos obesos. A pesar de las razones y ventajas ya señaladas que justifican la inclusión de la actividad física dentro del tratamiento conductual es importante conocer los problemas de adhesión que presenta.

En una revisión de la literatura realizada por Martin y Dubbert (1982) se señala que, en todas las poblaciones, algo menos de la mitad de las personas que empiezan un programa de actividad física (ya sea por su cuenta o en un programa estructurado) seguirá realizándolo de 3 a 6 meses después de iniciarlo.

Hasta el momento presente no parece predecir con exactitud qué tipo de sujetos son más susceptibles de abandonar un programa de actividad física, aunque sí se han identificado algunos elementos que pueden favorecer la adhesión.

En este sentido, Dishman (1981) indica que la accesibilidad del ejercicio físico, la realización en grupo, el apoyo familiar, especialmente el de la pareja, y el tipo de ejercicio físico son variables relevantes que pueden determinar el cumplimiento a corto y largo plazo del programa de ejercicio físico. En la Tabla 17 se presentan algunas estrategias que pueden ayudar a que un sujeto mejore su adhesión a un programa de ejercicio físico.

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