Como prevenir la obesidad con análisis funcionales

Por análisis funcional de una conducta se entiende la identificación de las variables tanto externas como internas que controlan una conducta así como el establecimiento de relaciones funcionales entre esos estímulos y dicha conducta problema.

Según los distintos modelos existentes (Kanfer y Saslow, 1969; Kanfer y Phillips, 1970; Goldfried y Sprafkin, 1974; Fernández Ballesteros, 1981), los elementos a considerar en este análisis funcional son cuatro: 1) los estímulos antecedentes de la conducta problema; 2) las variables del organismo; 3) la conducta problema en sí misma; y 4) los estímulos o consecuencias de la conducta problema.

En las páginas siguientes vamos a mostrar cómo de la integración de los datos recogidos mediante la entrevista clínica, los cuestionarios, los autorregistros y los registros psicofisiológicos, podemos realizar el análisis funcional.

Es bueno hacer un análasis funcional para prevenir la obesidad

Estímulos antecedentes

Los estímulos antecedentes son aquellos que están presentes antes de que la respuesta ocurra y que guardan una relación funcional comprobable con ella. Según Goldfried y Davison (1976), se puede distinguir entre los estímulos antecedentes que desencadenan respuestas emocionales y automáticas, y los que actúan como señales discriminativas que provocan respuestas instrumentales inadaptadas.

Por ejemplo, respuestas emocionales como ansiedad, depresión o aburrimiento pueden funcionar como antecedentes de la conducta de sobreingesta. En otros casos, los conocimientos y autoinstrucciones, o la forma como el sujeto etiqueta su estado de ansiedad interno puede ser la variable crítica que determine la respuesta emocional (Loro y Orleans, 1982).

Además, tal como vimos en el capítulo 3, muchos de los estudios realizados durante la década de los setenta sugerían que algunas personas obesas podían presentar mayor número de respuestas frente a estímulos externos relacionados con la alimentación (disponibilidad, olor, sabor, presencia de los alimentos) y menor número de respuestas frente a estímulos internos (sensaciones de saciedad o hambre) Schachter y Rodin (1974).

Para la obesidad hay tratamientos

Los resultados de estos estudios

Obligaron a estudiar detenidamente la influencia de los estímulos externos sobre la conducta de ingesta, ya que las estrategias para el control de estos estímulos han sido durante mucho tiempo uno de los elementos fundamentales de los tratamientos conductuales para el control del peso.

Además, es necesario evaluar los antecedentes biológicos que pueden jugar un papel fundamental en la génesis de la obesidad. Por ejemplo, Rodin (1981) encontró que personas que dan gran número de respuestas ante estímulos visuales externos relacionados con los alimentos, también pueden presentar una gran producción de insulina mientras observan la preparación de alimentos y se disponen para comer.

Este exceso de insulina puede reforzar la sobreingesta que a su vez refuerza los cambios biológicos. O, como señalan Loro y Orleans (1981) y Wermuth y cois. (1977), la hipoglucemia y varios trastornos neurológicos pueden contribuir a la ingesta compulsiva.

Por último, la información obtenida por medio de autorregistros nos permitirá determinar los estímulos discriminativos que favorecen la aparición de las conductas instrumentales inadaptadas de sobreingesta o inactividad física. En la Tabla 10 se pueden observar los estímulos tanto externos como internos que preceden con mayor frecuencia a la conducta de sobreingesta y con la que tienen una relación funcional.

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