Controlar el apetito, b√°sico para adelgazar

Controlar el apetito y el mecanismo que gobierna el metabolismo parece ser el factor clave para adelgazar en aquellos individuos que est√°n sobrados de peso.

Controlar el apetito

El hipot√°lamo, ‚Äúcentro del hambre‚ÄĚ y clave para controlar el apetito

Durante mucho tiempo se hab√≠a cre√≠do que el hipot√°lamo, una delicada porci√≥n del cerebro que se identifica como ‚Äúcentro del hambre‚ÄĚ, era el mecanismo regulador del apetito, y no parece haber dudas respecto a que en √©l reside un importante centro de regulaci√≥n de tal funci√≥n.

Este extremo ha podido demostrarse más allá de toda duda en experimentos de laboratorio con animales, por ejemplo, en los que se ha visto que la destrucción del hipotálamo produce cambios concomitantes en el apetito, en ocasiones con una obesidad exagerada como resultado.

Hace ya mucho tiempo, el doctor Mayer tiene la opini√≥n de que el hipot√°lamo funciona de modo muy semejante a un termostato al regular los niveles de az√ļcar en la sangre.

Cuando se produce un descenso significativo en dicho nivel de az√ļcar, el llam√©mosle ‚Äúglucostato‚ÄĚ emite una respuesta que estimula el apetito. Entonces, ante el consumo de alimentos, el nivel de glucosa aumenta de nuevo y el glucostato emite una se√Īal de saciedad.

Para demostrar que el hipotálamo es más un centro de saciedad que un centro de hambre, Mayer se dedicó a alimentar a unos ratones con un compuesto químico especial, la tioglucosa dorada, compuesta de una molécula de glucosa, un átomo de sulfuro inactivo y un átomo de oro letal.

Mayer descubrió que el hipotálamo estaba programado tan poderosamente para asimilar glucosa que lo hacía incluso si dicha glucosa iba unida a un veneno mortífero.

Al final del experimento, cuando el oro acabó por destruir el hipotálamo de los animales de laboratorio de Mayer, éstos perdieron toda sensación de saciedad y siguieron comiendo hasta alcanzar un estado de gran obesidad.

Sin embargo, los seres humanos no son animales de laboratorio, y sus respuestas a los estímulos alimentarios son mucho más complejas y sutiles que las de cualquier otro animal, incluidos los primates más evolucionados.

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