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Comer compulsivamente para mejorar el estado de √°nimo

Comer compulsivamente se est√° convierto en el mejor alterador del estado de √°nimo, la comida es la droga m√°s abundante y barata del mercado, y no resulta sorprendente que las madres ignorantes de la importancia de la nutrici√≥n en los ni√Īos la utilicen con excesiva frecuencia como recurso para modificar y controlar la conducta de sus peque√Īos.

Comer compulsivamente

Los impulsos social de la infancia nos provocan a comer compulsivamente cuando somos adultos

Utilizada en principio para acallar los lloros del lactante ‚ÄĒcuyas rabietas vienen motivadas tanto por las molestias del hambre como por incomodidades f√≠sicas y emocionales, o por simples deseos de protecci√≥n materna‚ÄĒ, la comida se convierte pronto en un instrumento para asegurar en el ni√Īo una conducta correcta.

Quedarse sin comer es el castigo máximo; la doble ración de postre es la mayor recompensa posible.

Condicionados as√≠ desde la infancia, los ni√Īos sobrados de peso se convierten en adultos obesos que responden a la comida m√°s por impulsos sociales que psicol√≥gicos.

Son personas que comen a la hora de comer, sin detenerse a considerar si tienen los estómagos llenos o no. Pierden, pues, la sensación de hambre como estímulo interno hacia la comida.

Adem√°s, al estar desprovistos del ‚Äúefecto euforizante‚ÄĚ que acompa√Īa de ordinario al ejercicio f√≠sico, se ven privados asimismo del otro componente vital de todo programa de p√©rdida de peso: el cansancio f√≠sico.

La persona activa con un problema moderado de obesidad puede reducir a la mitad su d√©ficit cal√≥rico ‚ÄĒpunto central de toda dieta‚ÄĒ con m√°s facilidad mediante el ejercicio f√≠sico que mediante la sola reducci√≥n de su ingesti√≥n de alimentos. El individuo obeso pasivo rara vez se decide por esta opci√≥n.

Sabemos, pues, que las ra√≠ces de la obesidad adulta se hallan en los h√°bitos alimentarios y en los modelos de conducta social establecidos en los primeros a√Īos de la infancia, y que se practican con tal regularidad y durante periodos de tiempo tan grandes que acaban por convertirse, a todos los prop√≥sitos, en impulsos aut√≥nomos y reflejos, esto es, surgidos directamente del subconsciente.

Teniendo esto en cuenta, podemos ahorrarles a nuestros hijos una vida de obesidad cr√≥nica que de otro modo arrastrar√≠an durante toda la vida. La Asociaci√≥n M√©dica Americana advierte en todas sus campa√Īas que la √ļnica acci√≥n posible contra la obesidad es la prevenci√≥n, pues la enfermedad en s√≠ misma es tenazmente resistente a su desaparici√≥n una vez establecida en el organismo.