Yantar como Tratamiento De La Obesidad

Es cierto que en nuestra época se come bien —al menos y en líneas generales, en los países desarrollados—, lo que significa que se ingieren las cantidades precisas de alimentos como para mantenernos y conservar de forma correcta la salud.

Aunque también es verdad que hay personas que viven para comer, que disfrutan extraordinariamente ante una mesa bien nutrida y bien servida, regando los alimentos con ricos vinos, pese a las actuales corrientes de sobriedad de cara a la conservación de la línea y la salud.

La existencia de clínicas especializadas en adelgazamiento, los regímenes y sistemas que se anuncian en las revistas y, fundamentalmente, en la radio, nos hablan de una inquietud social creciente por esta cuestión.

Claro que no todos los sistemas son recomendables, ni siquiera saludables, pues parodiando al sabio habría que decir que no hay obesidades, sino obesos, o sea, que para adelgazar se requiere un método personalizado, con un control muy estricto, y, lo que creo más importante, la colaboración del paciente y, por descontado, el conocimiento de las causas que producen la obesidad: misión que me he impuesto con este libro.

luis

Ejemplo Histórico de la Obesidad

Pero hubo épocas en las que no existían ese tipo de preocupaciones, muy al contrario; algunos personajes famosos e influyentes eran grandes comedores y bebedores; como es el caso de Luis XIV, un rey pantagruélico, del que dice Néstor Luján que era un enano empelucado; con altos tacones en sus zapatitos rojos, que padecía, o disfrutaba, vaya usted a saber, de una voracidad extraordinaria.

Aunque sea con brevedad y para que nos sirva de paradigma, seguiremos aún con Luis XIV; pues creo que es importante reseñar en un libro de dietética lo que devoró un viernes de Cuaresma, en el que por encontrarse indispuesto no cumplió con la vigilia y que fue; ni más ni menos, que varias empanadas de carne, un caldo de palominos y tres pollos asados.

banquete

Aunque es cierto que era un rey muy aburrido; y ya sabemos que con el aburrimiento puede dar por comer, según tenemos recogido en la experiencia clínica.

Este curioso tratado, al menos en algunos aspectos; aún tiene vigencia y debería ser conocido por todos los médicos, pues recoge la sabiduría de la época; aplicable en algunos casos a los pacientes que visitan las consultas de los dietólogos; tales como “De hambre a nadie vi morir, de mucho comer cien mil.” “Quien quiera vivir sano, coma poco y cene temprano.” “No le quiere mal quien le hurta al viejo lo que ha de cenar.”

 

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