Sufrimiento de los Gastrónomos para una Buena Dieta

La variedad de precios y menús nos hablan del libre mercado, de la falta de controles y de la existencia de clientes ávidos de consumir lo de siempre o alguna cosa exótica que rompa la monotonía.

El gastrónomo tiene donde elegir, pero aquellos que por necesidad o por convencimiento han de guardar dieta encuentran sobrados motivos para el sufrimiento.

Sufrimiento de los Gastrónomos para una Buena Dieta

Anécdota de Ejemplo

Un amigo hindú, relacionado con el turismo, me decía que en España le resulta muy difícil comer; pues al ser vegetariano pedía platos que fueran acordes con su filosofía, pese a lo cual le ofrecían sopas —”No es más que un caldito”— que contravenía absolutamente sus previsiones, ya que siempre contenía algo más que las deseadas verduras.

Nosotros, alejados de esas culturas, no le hacemos ascos a los buenos chorizos, las sabrosas morcillas, los huevos fritos con patatas, las alubias blancas, los potajes, que estando dentro de la dieta mediterránea se yerguen no obstante, a determinadas edades, como declarados enemigos de nuestra salud.

Pero, ¿en qué menú se nos hacen sugerencias de tipo saludable? No tendría sentido: el placer de comer se antepone a cualquier otra consideración y eso lo saben bien los restauradores; hemos de ser nosotros quienes, partiendo de nuestras conveniencias, decidamos con rotundidad nuestros nutrientes.

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¿De verdad hemos de privarnos de todo eso?

Usted, querido lector, ya sabe que no, al menos de forma definitiva; pues según sea su estado podrá comer unas cosas y habrá de privarse de otras; pero piense que en el fondo nadie se come todo lo que los ojos de un comensal ávido contemplan: la simple idea de que hay ciertas prohibiciones desata el apetito más cohibido.

No he visto escenas más ominosas que las que representan ciertos obesos en fase de tratamiento ante el escaparate de una pastelería.

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Claro que comer es fundamental, pero en realidad lo necesario es nutrirse. Quizá la experiencia de los diabéticos insulinodependientes sea el paradigma de la alimentación lógica y racional; pues al estar obligados a mantener un peso concreto y un nivel aceptable de glucosa en sangre; y siendo conocedores de los pormenores de su enfermedad, asumen perfectamente su peculiaridad (los diabéticos inteligentes; en realidad, no son enfermos), y se someten con disciplina a sus menús específicos.

Ciertas obesidades localizadas, como ha quedado dicho, se asemejan mucho a la diabetes (obesidad abdominal o pancreática); y la filosofía que todos los que padecen de exceso de peso ha de llevar es que hay otros muchos placeres en la vida, posiblemente mucho más importantes que los de la mesa.

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