Remedios Caseros para la Insuficiencia Hepática

Remedios Caseros para la Insuficiencia Hepática

El hígado y su importancia en el organismo

¿Cómo podríamos definir el hígado? Quizás como un gran laboratorio situado entre el organismo y el alimento absorbido, un controlador riguroso, meticuloso, puntilloso, una especie de colador que filtra, o un químico que elabora todas las materias y las transforma.

El hígado es una glándula bastante gruesa; pesa alrededor de un kilo y medio y está situada en la parte superior del abdomen, bajo el diafragma, a la derecha. Sin duda alguna es un órgano indispensable para la vida, el más importante del metabolismo.

Este laboratorio químico tiene múltiples funciones: se calculan en unas cien. Entre ellas, una de las más conocidas es la producción de bilis, líquido verdoso constituido por pigmentos, ácidos y sales, cuyo objeto es facilitar la absorción de grasas alimenticias y de ciertas vitaminas. La actividad del hígado es muy intensa, hasta el punto de que por sí solo emite casi un tercio del calor total de un hombre en reposo.

Un laboratorio hepático recibe aproximadamente una tonelada y media de sustancias derivadas de alimentos proteicos y 12 toneladas y media de sustancias derivadas de alimentos a base de hidratos de carbono.

En otras palabras, en el hígado se acumula una masa enorme de materias: proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas absorbidas por los alimentos. Estas «materias» constituyen una especie de reserva dispuesta a movilizarse según las exigencias del organismo.

Pero el papel del hígado no se detiene ahí. No sólo se trata de almacenar material, se trata más bien de “trabajarlo”. Esas sustancias se descomponen y transforman de manera que resulten más aptas para el papel que deberán des­empeñar en el organismo. Por ejemplo, entre las proteínas de la digestión hallamos materias más o menos tóxicas. Es al hígado al que le incumbe tornarlas inofensivas y transformarlas en urea.

Del mismo modo, diversas sustancias introducidas en el intestino, y que pueden resultar nocivas para éste, son detenidas por el hígado, que aquí actúa como una verdadera barrera entre el aparato digestivo y la circulación sanguínea.

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¿Cuál es entonces la principal función del hígado?

Ante todo, una función de desintoxicación. Cuando se habla de insuficiencia hepática, se alude a un mal funcionamiento de esta función desintoxicante. Se ha interrumpido un engranaje en el “laboratorio”: los diferentes “ser­vicios” están bloqueados. Cuando esto se produce, quiere decir que las sustancias tóxicas “son detenidas de manera imperfecta”, como dicen los médicos, y el organismo se halla en un estado de autointoxicación. Se dirá entonces que el paciente sufre de trastornos hepáticos.

Es evidente que esos trastornos hepáticos están directamente vinculados con la alimentación. Por consiguiente, conviene, ante todo, vigilar seriamente el régimen alimenticio. Un hígado caprichoso requerirá una alimentación muy controlada, lo que viene a significar estricta.

Inevitablemente, el hígado tiene enemigos. Sus peores adversarios son, como todos sabemos, lo que se llaman alimentos “ricos”, grasas cocidas, salsas, fritos, golosinas, alcohol, Y, por otra parte, sus amigos, o mejor dicho sus amigas, conocidas también, son las plantas frescas.

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Fitoterapia para la insuficiencia hepática

Desde el momento de que se trata de plantas frescas, debemos recurrir a la terapia vegetal. Acabo de decir que los vegetales son los amigos del hígado. No todos, sin embargo. Algunos deben eliminarse, en particular la col, en todas sus formas, repollo, lombarda, coles de Bruselas, coliflor. Tampoco los nabos, la espinaca y el pepino se llevan bien con el hígado. Esto en cuanto a las hierbas o plantas herbáceas. En lo que se refiere a las frutas, es mejor evitar los plátanos, los albaricoques, el melón y las ciruelas. ¿Sopas? Sí, es conveniente ingerir sopas o verduras hervidas.

Para reactivar la función del hígado, las verduras más eficaces son la alcachofa y el cardillo (tagarnina-diente de león). Los fitoterapeutas modernos recomiendan, en efecto, numerosas tisanas a base de una mezcla de esas dos plantas. En cuanto al cardillo, son aconsejables sobre todo sus raíces. Se nos hará la objeción de que es una tisana demasiado amarga; es cierto, y cuanto más amarga sea, mejor resultará.

Entre las otras plantas milagrosas para el hígado, conviene recordar la zanahoria, el berro, el tomate y la aceituna.

Respecto a la aceituna, existe un tratamiento muy sencillo y eficaz. Que tomen nota los hepáticos: deberán tomar, cada mañana, en ayunas, una cucharadita de aceite de oliva virgen. Pero me dirán: ¡es repugnante! Si les resulta demasiado penoso pueden añadir algunas gotas de limón para atenuar el mal gusto del preparado. El aceite de oliva, el limón y el ajo son, en caso de crisis hepática, los únicos condimentos que pueden recomendarse.

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Como eliminar las toxinas.

Se plantea otro problema, la eliminación de las toxinas. ¿Cómo lograrlo? A propósito de ti­sanas, les recomiendo una receta particularmente de los fitoterapeutas modernos: 4 ó 5 gramos de flores de salvia y la misma cantidad, respectivamente de raíces de ruibardo, de pim­pinela, de cardillo y de gran centaurea, en un litro de agua. Dosis: 4 tazas diarias.

Asimismo, aconsejaré una cataplasma, para aplicarla en la parte dolorida (ya que los trastornos hepáticos también hacen sufrir), compuesta por un preparado a base de col y de berro picados, a los que se añadirá una clara de huevo batida a punto de nieve. Los especialistas afirman que estas cataplasmas son lo que más alivian los dolores.

Siempre con respecto a las insuficiencias hepáticas podrían aconsejarse las raíces de cardi­llo, también llamado “diente de león” o “co­rona de monje”, o florón de oro, hierba muy común en los campos, que se encuentra en las praderas, al borde de los caminos, en los talu­des. Las raíces de esta planta deben utilizarse frescas. Pueden prepararse una decocción con 30 a 60 gramos de cardillo por litro de agua. La posología no debe exceder de dos cucharadas de postre diarias. El zumo de cardillo, que faci­lita el fluir de la bilis y descongestiona el híga­do, se recomienda sobre todo a los que padecen no sólo de insuficiencia hepática, sino de cálcu­los biliares.

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