Remedios Caseros para Hipocondría y la Hipotensión

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Hipocondría, enfermedad de naturaleza nerviosa

Del latín hypochondria, región (abdomen), que se creía era el foco de la enfermedad. La hipocondría es, al parecer, una pariente cercana de la melancolía, de la que hablaremos más adelante. No es ni más ni menos que una neurosis. Pueden clasificarse a los hipocondriacos en tres categorías: los hipocondriacos neurasténicos, los hipocondriacos obsesos, y los hipocondriacos delirantes.

Los primeros se preocupan de manera excesiva, a menudo sin razón, de su salud física: son los que se llaman “enfermos imaginarios”, de los que Moliere llevó a la escena las contradicciones y manías. El enfermo imaginario existe desde la noche de los tiempos: siempre los ha habido, en todos los países y bajo todos los cielos.

Entre los hipocondriacos obsesos, la neurosis está acompañada por ansiedad y angustia: imposible hacerles entrar en razón o que acepten el más mínimo consejo.

Los hipocondriacos delirantes son indudablemente los más gravemente afectados, ya que interpretan sus trastornos por el absurdo: por ejemplo, explican la dilatación del estómago por la presencia de un animal, serpiente o lagarto, o afirman no tener ya ni intestino ni esófago.

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Tratamientos Caseros para la hipocondría

En los casos menos graves de hipocondría, la fitoterapia aconseja una

Remedio natural 1:  Decocción de melisa

En ciertos países, y en Italia, de manera particular en el Piamonte, se llama a esta planta “alegra-corazones”, lo cual ya dice mucho en su favor.

Sirve sobre todo para levantar la moral de aquellos que están deprimidos. Los afectados por la hipocondría, por la imaginación mórbida, deben orientarse hacia la melisa.

Su decocción: 20 gramos de flores y de hojas de melisa en un litro de agua que se hierve durante 5 minutos. Los fitoterapeutas aconsejan alternar esta de-cocción con otra, de miel, a razón de una taza pequeña antes de las comidas.

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Síntomas de la Hipotensión

Hipotensión… ¡atención! Objetivamente, no está Vd. enfermo, clínicamente enfermo; su médico ya se lo ha dicho y repetido en varias ocasiones tras haberlo auscultado.

Sin embargo, es un hecho que Vd. no se siente bien: se queja de molestos dolores de cabeza, siente una extraña e inhabitual debilidad; Vd. mismo nota que se fatiga más fácilmente, su falta de resistencia a la fatiga no soporta un trabajo intelectual prolongado.

Pero, sobre todo, tiene siempre esa maldita somnolencia. A veces, al palparse la región del corazón, lo siente palpitar impetuosamente. Vd. se agita, tiene un momento de pánico y la impresión de desvanecerse… Pero nunca se desmaya. Los que le rodean le insisten: “Come, verás como todo se arregla…” Pero no son más que palabras.

Por fin, un buen día, Vd. le pide a su médico que le tome la tensión. El médico, irritado le dice: “Pero ya se la he tomado, varias veces…” “Doctor, vuelva a hacerlo… El médico lo hace lenta, seriamente, casi con agresividad. “Extraño —dice— esta vez parece baja…”

Veamos esta tensión, ¿de cuánto es? Menos de 110 de máxima, menos de 50 de mínima. Si ese es el caso, verdaderamente no padece Vd. de lo que los médicos llaman “hipotensión constitucional” (lo que quiere decir particular de su circulación). Entonces, consuélese: todos sus trastornos desaparecerán si sigue un tratamiento sencillo y adecuado. Su médico se lo prescribirá.

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¿Cómo pueden ayudarle las plantas en este caso?

El doctor Albis, consejero médico, que hace algunos años dirigía una sección en una revista italiana conocida, prescribía una excelente

Remedio natural 1: decocción compuesta

la decocción compuesta de este modo: 10 gramos de hojas de sen (se trata de una leguminosa de hojas amargas y propiedades purgantes), 10 gramos de raíz de ruibarbo, 15 de regaliz y 15 de menta picante.

Esta decocción debe beberse por tazas pequeñas, muy caliente, después de cada comida, cuidando, como decía el doctor Albis, “de echarse en la cama unos instantes, del lado derecho…”.

El mismo médico aconsejaba, además, la aplicación de ciertos vendajes “compresivos en las piernas y el abdomen”. ¿Por qué? Porque, decía, “comprimiendo la masa sanguínea en circulación en la parte superior del corazón los vendajes reducen la hipotensión y, de ese modo, la anemia cerebral que provoca todos los trastornos”

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