Propiedades y beneficios del Helenio y el Henné

Propiedades y beneficios del Helenio y el Henné

Características Helenio

Llamada vulgarmente énula, campana, ala o hierba del moro, el helenio, según se dice, es oriundo de Asia. Esta bella compuesta posee cabezuelas amarillas de casi ocho centímetros. Hojas muy grandes en la base (alcanzan hasta 80 centímetros), y sobrepasa fácilmente el metro de altura.

Florece durante la estación veraniega. Su cultivo debe hacerse en una tierra fresca, bien escardada y removida. Es preciso confiar a la tierra las semillas de helenio en marzo, “con el gran viento y a pleno aire”. Una vez ha echado raíces, el helenio no exige grandes cuidados, aparte de algunos escardados y riegos cuando el verano se presenta muy seco.

¿Lo sabíais?

Preparando una pomada con el polvo extraído de la raíz del helenio, mezclada con manteca de cerdo, se obtiene un excelente remedio contra la sarna de los animales.

Propiedades y beneficios del Helenio y el Henné

Henné y su uso cosmético

Henné, del árabe Hanna. El arbusto, de flores aromáticas, es, efectivamente, típico de Arabia. En la época de los romanos, que la habían importado del desierto, se obtenía de ellas un tinte rojo para los cabellos y los labios.

Subrayemos el carácter odorífero de esta planta. Las matronas de Roma se perfumaban con esta borraginácea. Destaquemos ante todo su carácter cosmético. Las bellas damas de la antigua Roma acostumbraban a pintarse las uñas con ella.

A este respecto, haremos una breve exposición del arte del maquillaje y de la estética en el mundo femenino romano. El arte del maquillaje es tan viejo como el mundo. Pero suponemos que la primera en cultivarlo fue Eva, esa extraña criatura que, en las flores y en los perfumes naturales del Edén, buscaba una ayuda que le permitiese conservar y acrecentar su belleza.

El uso del Henné en la Roma Imperial

La verdad es que semejante coquetería nos parece completamente inútil. ¿Qué necesidad tenía Eva de maquillarse, siendo Adán el único hombre? Pero ocupémonos de la Roma imperial. En las moradas patricias y en las de las clases acomodadas existían piezas reservadas para el arreglo cotidiano de las mujeres.

Allí, las cometas, esclavas expertas en el arte del maquillaje, cuidaban la belleza de las dominae, de las damas, alternando sabiamente ungüentos, perfumes, perfumes diversos.

Las cosmetae eran auténticas artistas. Extraordinariamente apreciadas, eran a menudo de origen oriental y eran compradas en los mercados de esclavos por su más fabulosas.

Las cosmetae perfumaban los cabellos con aguas odoríferas, embadurnaban el cuerpo de cremas y le daban masaje. Ofrecían para los baños jabones delicados y suaves y por la noche les correspondía vaporizar con preciadas esencias la epidermis de las matronas.

Venían después las ornatrices, cuya misión principal consistía en ornar los cabellos después de haberlos peinado y suavizado con perfumes y ungüentos.

Había también una categoría de esclavas de funciones muy especiales, encargadas de “adular y alabar la pulchritude dominica durante y después del arreglo”. Eran llamadas parasitae, porque su tarea consistía, aparte de las alabanzas, en asistir al maquillaje de la domina.

De este modo, daban también su opinión sobre la elegancia de su señora y, cuando eran astutas, no dejaban de exaltar sus cualidades físicas y su buen gusto. Eran, en suma, aduladoras a sueldo.

Hay que decir, no obstante, que cuando las cosmetae y las ornatrices daban pruebas de negligencia en sus cuidados de belleza o en sus alabanzas a la dueña, ésta se vengaba asestándoles alfilerazos en los muslos, los brazos y los senos, que, a tal efecto, dejaban al descubierto. Las cosmetae en particular, y las ornatrices en general, estaban muy familiarizadas con el henné.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *