Los problemas del apetito excesivo

La gula y la voracidad están tan difundidas como la inapetencia. Mejor dicho, aún más. Y el final del excesivo apetito se llama lógicamente adiposidad, obesidad. Quizá resulte novedosa para muchos la palabra que la ciencia usa para definir lo que todos conocemos como gula: gastrimargia, este término que deriva del griego, significa literalmente “lanzarse desenfrenadamente sobre el alimento”.

Una especie de impulso desordenado por un placer de por sí lícito. Sin duda, se trata ya no de comer para vivir y sobrevivir, sino de comer en exceso. Analiza­remos la obesidad en el capítulo siguiente. Pero, mientras tanto, comenzaremos por decir que el alimento tiene una carga de índole psicológica y emotiva.

Los problemas del apetito excesivo

Enfermedades por exceso de alimentos

El presidente de la Societa Italiana di Medicina Psicosomática, Ferruccio Antonelli, analizó la clasificación emotiva de los alimentos que realizó Kaufmann. Según este especialista los dulces representan una recompensa psicológica, la carne roja (“con sangre”) tiene efecto mágico-fetichista (por la fuerza y el vigor que da); el caviar, valor exhibicionista, y así sucesivamente.
Antonelli afirma que siempre hay una relación entre alimentación y vida emotiva, y entre estas dos y la personalidad humana, que puede identificarse y clasificarse según el modo de alimentarse, por la preferencia hacia determinados alimentos, y por la identificación simbólica entre alimentos y afectividad. En suma, el modo de nutrirse se convierte por sí mismo en “un test mental”.

Los problemas del apetito excesivo

De este modo el ansioso, cuando come un alimento exquisito, traga de golpe la mejor parte, como si temiera perderla. El malhumorado y formal tiene ideas preconcebidas sobre el menú, discute acerca de los ingredientes que lo componen, no mezclar jamás agua con vino, para cada plato pretende una guarnición determinada. Después, existen dos tipos de glotones: los que pican de todo y los que comen lo más exquisito a cada momento. Los ambiciosos son más complicados: pollo, champán, caviar, frutas exóticas.

Para Antonelli es también importante el modo de masticar los alimentos. El impulsivo traga sin masticar, el generoso se olvida de saborear el alimento y el avaro lo tiene mucho tiempo en la boca, mezclándolo mucho. El humor influye indudablemente sobre el apetito: un fracaso profesional, sentimental, amoroso, deprimen el apetito. En cambio, el éxito y la excitación mental lo aumentan.

Los problemas del apetito excesivo

Hay una identificación simbólica entre alimento y afectos. El niño que se chupa el pulgar descubre un antídoto contra la soledad y la incomunicación con el mundo exterior y con la familia. En lo referente a los adultos, la invitación a comer tiene connotaciones socio afectivas, una ocasión de comunicarse de un modo rápido y agradable. Al contrario señala Antone, se dice de una persona antipática: no la trago.

Pero volviendo a los glotones, que existen, existen. Es más, algunos hacen de ello un alarde de privilegio social. Anthelme Brillat Savarin, en su tratado sobre la Fisiología del gusto afirmaba, como gran filósofo de la cocina y del arte de saber comer: Sólo el hombre de espíritu sabe comer; la glotonería es cosa tan sólo humana.

Los problemas del apetito excesivo

Con estas premisas y en este contexto, ¿qué representan los dulces, los postres, para el comensal que concluye con ellos una comida importante? A esto responden psicólogos y psicoanalistas: una recompensa afectiva. Y aquí está la recompensa, que es tan extensa como variada. Son los expertos quienes “se recompensan” con cucharadas de dulce, cremas de repostería, chantilly, con mezclas multicolores y sabrosas de postres, tartas, flanes, mousses, que verdaderamente son tesoros del arte de la repostería.

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