Los beneficios de comer naturalmente (parte 1)

Preparar los alimentos despreocupadamente, sin llegar a te­mer algún peligro para la salud, se ha convertido en una utopía. Con frecuencia nos enteramos de alimentos que han sido adulte­rados. No nos detendremos en los ejemplos, porque nos llevaría tantas páginas como tiene este libro, pero confiamos en que -sin duda- los lectores los tienen presente.

Tampoco es nuestra inten­ción exagerar sobre este punto, porque afortunadamente existen desde siempre comerciantes y empresas honestas que merecen to­da confianza. Y no es justo que “paguen” por los poco escrupulosos y fraudulentos. Pero, de todos modos, no podemos dejar de hacer notar que cuando sale a la luz algún caso de adulteración alimentaria la gente se preocupa mucho y con razón.

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Propiedades de la lechuga, espinaca, alcachofa, tomate, berenjenas e hinojo

Como lograr una alimentacion equilibrada

Para hablar de alimentación equilibrada es necesario te­ner en cuenta dos factores fundamentales: la cantidad (la rela­ción de equilibrio que debe existir entre los tres grupos primor­diales de alimentos: hidratos de carbono, proteínas y lípidos) y la calidad, que se relaciona directamente con la pureza de los alimentos.

Para comprender mejor el primer factor debemos mencionar la noción de “valor nutricional” de un alimento determinado. Por ejemplo, la carne tiene valor nutritivo, más que nada, en un sentido “plástico”, es decir, de formación y sustitu­ción de tejidos en crecimiento o deterioro y de órganos; pero carece de sentido energético-calórico.

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Propiedades de Los Vegetales

Del lado opuesto se ubi­can azúcares y almidones que tienen valor energético, pero es­casamente plástico. Las grasas tienen esencialmente valor caló­rico, menos inmediato que los azúcares y de uso más prolonga­do. Una alimentación equilibrada debe tener en cuenta esos as­pectos. Para verlo en la práctica reseñamos los requisitos que, en general, debe cumplir un alimento:

  • Despertar sensación de apetito en el niño, el adulto y el anciano;
  • Ser digerible a lo largo de todo el recorrido por el apa­ rato digestivo;
  • Tener un apropiado valor y poder energético-calórico-plástico.
  • Ser rico en la mayor gama posible de vitaminas (espe­cialmente en A , B, C , D, E y K );
  • Contener una medida adecuada de sales minerales, ante todo calcio, fósforo, hierro, potasio, cobalto y cobre.

Como hemos visto los requisitos son bastante exigentes, por eso al mencionar el equilibrio consideramos que es posible alcanzarlo reuniendo distintos tipos de alimentos. Sólo de esta manera el organismo puede crecer, mantenerse en forma en la edad adulta y evitar pérdidas en la etapa final de la vida.

Para que esto sea posible, recordemos, es necesario que todos los ór­ganos que intervienen en la digestión estén sanos. Justamente es a causa de la atrofia de las mucosas digestivas, la caída de los dientes o la inapetencia, que los ancianos suelen digerir y asimi­lar mal. Tomar los alimentos bien desmenuzados (carnes muy cocidas) o procesados (verduras, frutas) es el mejor remedio pa­ra el aparato digestivo senil.

En qué consiste un “alimento natural”

Veamos ante todo qué se puede entender por “alimento natural” . En particular, hay que detenerse en la palabra natural.

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Propiedades de la margarina

Un alimento es tal cuando conserva inalteradas sus características de origen. Hay que admitir que naturales del todo jamás lo son, ya que a menudo recurren a la “estética”, al maquillaje. En el fondo, no es malo, porque si comiésemos las mermeladas o tomáramos las bebidas con su verdadero color, a veces no las encontraríamos tan atractivas.

Lo importante es que poniendo en los alimentos aditivos no se añadan sustancias perjudiciales para el organismo.

Pero, por otro lado existen, desde siempre, los alimentos envenenados, los fraudes, las adulteraciones. Aunque hay que hacer una distinción entre adulteración inocua y dañina o muy dañina para el organismo. Pero, ¿sirve de algo esta distinción?

Si una mujer prepara para su hijo una leche que resulta estar aguada, no le provoca daño alguno. Tan sólo se trata de un robo del lechero, ya que la leche destinada al organismo infantil no contiene tantas sustancias nutritivas, principios minerales, pro­teínas y vitaminas como la leche normal debería tener.

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Los aceites alimenticios

Y si la misma mujer condimenta la ensalada con aceite que dice ser “de oliva” , pero que en realidad contiene mezclas ilegales, puede ocurrir cualquier cosa, y tenemos muy cerca un doloroso ejemplo.

Si la mezcla se hace con sustancias que, además de care­cer de valor comercial, no son comestibles o bebibles y produ­cen graves daños a uno o a varios órganos del cuerpo humano, la cosa se vuelve grave. Se sabe qué daños han producido las le­ches vencidas, las grasas hechas con materias dañinas, las pastas alimenticias coloreadas para imitar la pasta con huevo, los vi­nos diluidos con alcohol metílico y las carnes “hinchadas” con estrógenos.

El suministro de estos últimos a los animales, concretamente a las terneras, se permite en algunas legislaciones extranjeras como la norteamericana. Pero se trata de estrógenos especiales, suministrados sólo por la boca.

Algunos efectos negativos del consumo de alimentos

Mientras que la ternera digiere el estrógeno suministrado por vía bucal en 48 horas, no sucede lo mismo con el inyectado, que permanece en los tejidos por mucho más tiempo, y llega a nosotros en la carne que adquirimos en la carnicería. Pensemos que nadie ha muerto por comer carne con estrógeno, pero está demostrado que fuertes dosis de esta sustancia pueden provocar alteraciones hormonales transitorias.

Las sustancias añadidas para aumentar el peso, para dar un falso aspecto al alimento, recorren por el tubo digestivo el mismo camino que los alimentos genuinos. Cuando son absor­bidos por el intestino, sólo pueden seguir una vía de sentido único, la de la sangre, y de ahí al hígado. Este último debe asi­milar las sustancias tóxicas y se tiene que dedicar a anular los efectos negativos.

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Propiedades de la mantequilla

Por esta razón sus células pueden sufrir un da­ño que, si es reducido, se limitará solo a molestias digestivas en forma de náuseas, vómitos, erupciones cutáneas, dolor de cabe­za. Pero si es más importante, el cuerpo se inunda de bilirrubina (proceso conocido como ictericia), síntoma inequívoco de una grave alteración hepática. De esta manera el hígado paga la adulteración de los alimentos.

Y otros órganos como el corazón, las arterias, el cerebro y sobre todo los riñones (que es el último filtro que debe cargar con la eliminación definitiva de los vene­nos) quizá fallen.

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