La Dieta y su Influencia en la Historia

Vivimos sin notar que respiramos, sin percibir el latido de nuestro corazón, sin conciencia del funcionamiento de nuestros órganos internos. Claro que sería absolutamente delirante que advirtiéramos cada una de esas funciones, pues esto nos impediría pensar y crear, y la Naturaleza, una vez más, demuestra lo justo y equilibrado de sus leyes que se cumplen a rajatabla.

La libertad de que hemos sido dotados nos dispensa de la percepción del soma, que se incardina en la biológica general; el cuerpo funciona de forma automática, sin que tengamos que estar pendientes de él, salvo cuando surge la enfermedad, en cuyo caso comenzamos a sentir  señales de alarma que nos llevan a la consulta del médico.

Pero, aunque conscientemente no advertimos las carencias vitamínicas, el descenso del hierro en sangre, la hipoglucemia o cualquier otro desequilibrio, la verdad es que nuestro inconsciente sí lo percibe y pone en marcha mecanismos de defensa, como en el caso de las infecciones, que, eventualmente, pueden zanjar los problemas.

La Dieta y su Influencia en la Historia

Hechos Históricos

De cualquier manera, los avances científicos, la química, la tecnología, la medicina preventiva, los diagnósticos electrónicos; los rayos X, la resonancia magnética, las técnicas quirúrgicas, etc. Han conseguido que la esperanza de vida se incremente de forma espectacular.

La especie humana en la Edad Media se daba por satisfecha si alcanzaba los cincuenta o sesenta años; y en otras épocas más remotas la edad límite era aún más corta; pues el hombre se sentía absolutamente indefenso ante microbios y virus. El reuma, la artritis y la artrosis; los problemas digestivos, la escasa y deficiente alimentación se constituyen en factores determinantes de la duración de la vida y la calidad de ésta.

Sin embargo, y según nos cuentan las Escrituras sagradas de todas las culturas; parece que hubo un tiempo en el que el hombre disfrutaba de largos períodos de existencia; pudiendo incluso procrear a edades sumamente avanzadas y que hoy nos parece, cuando menos, producto de la fantasía. ¿Es creíble que Matusalén viviera novecientos sesenta y nueve años? Con criterios de nuestro tiempo, no.

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Hechos Históricos Bíblicos

Pero todos los patriarcas: Adán, Caín, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y los doce hijos de éste, vivieron mucho tiempo, según nos cuentan las Escrituras; sin que especifiquen si era normal en aquel tiempo que todos vivieran tantos años, o sólo ellos, por sus especiales encomiendas celestiales; tuvieran tan prolongado disfrute de la existencia.

Si un cuerpo sano genera una mente sana; un organismo equilibrado en su totalidad tal vez tenga más fácil acceso al terreno espiritual. No me atrevo a continuar para no caer en aseveraciones que requerirían una larga experimentación con metodología científica, y que; sin duda, provocarán el rechazo de pensadores y teólogos que, por su alejamiento del laboratorio, tomarían; lo que no es más que una sugerencia, como rampa de lanzamiento de la utopía de un mundo mejor.

El deseo de vivir muchos años es inherente al hombre y de hecho vamos consiguiendo una esperanza de vida bastante importante; pero queremos más años y, sobre todo, con total plenitud de las facultades físicas y psíquicas; por eso es fundamental que conozcamos los “radicales libres“. Durante los últimos años diversos grupos de investigadores están realizando importantes descubrimientos; que indican que gran parte de las enfermedades llamadas “degenerativas”, tradicionalmente de causa desconocida, podrían tener un origen común: los radicales libres.

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