El apio, propiedades y contraindicaciones

Estomacal, diurético, tónico nervioso, el apio es al mismo tiempo un estimulante de las glándulas endocrinas, y, sobre todo, de las su­prarrenales. Gracias a la presencia de nitratos, es muy eficaz como depurador sanguíneo. Con­tiene vitaminas A, B y C, que hacen más asimi­lables los alimentos que lo acompañan.

Las so­pas están más sabrosas cuando las enriquece su presencia. El apio crudo es igualmente bueno. No olvidemos tampoco su jugo, poderoso cica­trizante de las heridas y de las úlceras. En este caso, no hay que beberlo, sino aplicarlo sobre la parte ulcerada.

Recordemos, además, que, siendo relativamente yin (según los principios Zen, todos los alimentos ácidos, ricos, por tanto, en potasio, son yin), el apio, mucho más po­tente crudo que cocido, puede combinarse con numerosas legumbres, aunque su unión con el puerro es la más feliz de todas.

En ocasiones, el apio prefiere presentarse a la mesa en su propio nombre. En este caso, lo prepararemos al horno. Coced los apios, escu­rridlos, cortadlos en dos, a lo largo, y colocad­los en una fuente de horno, con mantequilla y un poco de caldo de la cocción; tapad el reci­piente y dejad que el contenido se dore por en­cima.

A continuación, lo presentamos en compañía de cebollas y de zanahorias. Para esta combina­ción tenéis que cortar el apio en trocitos. Rebo­zadlos en pasta y freíd en aceite hirviendo.

El Apio es un potente estimulante

Ce­bollas y zanahorias le servirán de guarnición

También puede figurar en una menestra. Tomad nota de todo lo necesario para preparar­la: una taza de judías verdes, media taza de co­pos de avena, dos tallos de apio bien picados, un pellizco de cilantro, otro de tomillo, 8 ó 10 tazas de agua, dos hojas de laurel, una cucha­rada sopera de mijo, una cucharada de mante­quilla de sésamo (tahini), sal de mar.

Pero ¿cuál puede ser la importancia de dos tallos de apio finamente picados en esta receta? Intentad pre­parar una menestra sin apio, y ya nos contaréis. Como íbamos diciendo, pues… sal de mar, pero en pequeña cantidad. La noche antes, poned a remojo las judías verdes. Escurridlas, echadlas en agua cociendo con un poco de sal. Deberán cocer 50 minutos a fuego medio.

No olvidéis revolver con frecuencia. Añadir después el apio, los copos de avena, el mijo, el tahini, el cilantro y el tomillo. Reducid el fuego y dejad que cueza 50 minutos más. Revolved a menudo (todos estos consejos son monótonos, ya lo sa­bemos), mezclad bien, mezclad sin cesar; final­mente, tapad la cacerola.

¿No os sentís atraídos por unos sabrosos apios rellenos? Para 4 personas necesitáis cua­tro trozos grandes de apio, 60 gramos de man­tequilla, 100 gramos de roquefort, sal, pimienta blanca, un pimiento rojo y perejil. Preparad una crema con la mantequilla y el queso, aña­diendo sal y pimienta mientras la trabajáis. La­vad los apios y cortadlos en dos. Verted en su interior la crema obtenida, cortad el pimiento en daditos y esparcid éstos sobre los apios, de­corad con ramitos de perejil.

¿Sabíais que los antiguos, en los banquetes, se coronaban de hojas de apio, creyendo neu­tralizar así los vapores del vino? ¿Os interesa conocer otras tres maneras de guisarlos?

Cebollas y zanahorias como acompañantes con el Apio es perfecto

Si es­táis de acuerdo, oigamos lo que nos dice un gran cocinero

Para las dos primeras recetas es aconsejable cortar el apio en trozos de 10 cm. de largo; para la tercera, por el contrario, la longitud de los fragmentos no deberá exceder de 5 cm. Pelad los tallos, cortadlos en cruz, cocedlos en agua salada con las hojas durante 5 minutos todo lo más y escurridlos.

1. Saltead el apio en la mantequilla, luego terminad la cocción con jugo de carne y añadid parmesano o gruyére rallado en el momento de servir.

2. Suponiendo que tengáis 200 ó 250 gra­mos de apio crudo, poned en una cacerola 30 gramos de mantequilla y un picadillo preparado con 30 gramos de jamón veteado y un cuarto de cebolla mediana, añadid dos clavos y saltead. Cuando la cebolla halla tomado color, verted el caldo y dejad que cueza el picadillo. Pasadlo todo luego por la batidora y a continuación ver­ted este jugo en la fuente donde habréis colo­cado los apios, sazonados con un polvo de pi­mienta (sin sal, es inútil), y servid en seguida.

3. Enharinad los apios y rebozadlos; des­pués freíd en aceite o manteca de cerdo; o me­jor aún: una vez enharinados, rebozadlos en huevo y pan rallado antes de freír. Según nues­tro cocinero, esta última receta es más adecua­da que las otras para acompañar los guisos de carne.

Apio en su jugo. ¡Hay que probarlo para creerlo! Tras de haber quitado las hojas más duras de los tallos de apio, cortadlos en pedazos de igual longitud, divididlos en cuatro partes y coced en agua hasta que estén blandos. Poned­los a escurrir y entretanto fundid en una cace­rola, lentamente, de 30 a 40 gramos de mante­quilla en compañía de media cucharada de hari­na.

En cuanto esta salsa haya tomado un tono dorado, añadid los apios, mezclad unos instan­tes, agregad un poco de caldo o bien un vaso de agua, donde previamente habréis deshecho un cubito de caldo concentrado; añadid sal y una pizca de pimienta. Luego de 10 minutos de coc­ción, colocad los apios en su jugo en una fuente y rociadlos con mantequilla derretida y queso rallado, si lo preferís, con un poco de salsa de tomate.

Existen cantidad de recetas con Apio

¿Habéis oído hablar alguna vez de apios re­bozados?

Se trata de un plato delicado y muy simpático, os lo podemos asegurar. He aquí las proporciones para 6 personas: un manojo de apios blancos de aproximadamente un kilo, 100 gramos de longaniza, 50 gramos de gruyere, 30 gramos de parmesano rallado, un puñado de perejil, 5 hojas de albahaca, 3 huevos, harina, aceite y sal.

Quitad las hojas de apio y cortad los tallos en trozos de unos 15 cms. Con un cuchillo, supri­mid los filamentos que puedan tener los peda­zos. Rallad el gruyere.

Lavad y picad menudito el perejil con la albahaca. Poned al fuego una cacerola de agua fría con sal; cuando el agua hierva, echad los apios y dejad que cuezan unos 20 minutos. Luego escurrid, colocad sobre un paño limpio, secad y aplastadlos con delicadeza en la palma de la mano, con objeto de ensan­char el surco que se encuentra en el centro de cada tallo.

Poned en un tazón la longaniza sin piel y cor­tada a pedacitos, el parmesano, el gruyére, las hierbas picadas, un poco de sal y un huevo. Mezclad bien estos ingredientes y rellenad con esta preparación la parte cóncava de la mitad de los trozos de apio. Tapad cada uno con la otra mitad y haced de forma que queden las dos mitades bien unidas. Pasad los apios primero por harina y después por los dos huevos restantes, batidos con un poco de sal.

Freídlos en aceite y, cuando estén bien dorados, escurridlos sobre un papel absorbente. Depositadlos en una fuente y decorad con hojas de apio y perejil. Ya está listo vuestro plato de apios rebozados. Plantad en vuestra terraza un apio silvestre, es decir, Levisticum officinale. Esta planta vivaz no necesita cuidados especiales; brota lo mismo al sol que a la sombra y basta con regarla una vez cada tres días.

Sus hojas exhalan un intenso olor a caldo, y unas pocas, a ser posible enteras, son suficiente para dar a la sopa o cualquier otro guiso el sabor que le proporcionaría una excelente pastilla de caldo concentrado. Si lo añadís al caldo de pollo, resultará mucho más sabroso.

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