De dónde viene la magia de las plantas

Imaginamos que al lector le gustaría saber más, es decir, por qué se atribuye a las plantas un poder mágico. Como ya hemos dicho, el empleo de hierbas y de plantas para la fabricación de drogas, de ungüentos mágicos y de pociones venenosas, se remonta a tiempos muy remotos.

Una de las primeras documentaciones existentes se encuentra en un bajorrelieve del templo de Deir-el-Bahari: representa, esculpido en la piedra, una expedición egipcia que ha partido en busca de plantas medicinales y aromáticas.

 De dónde viene la magia de las plantas

Origen de la  magia de las plantas

En tiempos de la reina Hatshepsut, expedición que dirige hacia la comarca de Punt, es de cir, el actual cabo Guardafui, en Somalia. Los egipcios conseguían allí los árboles que producían el incienso, así como el áloe, la acacia y otras plantas.

Los papiros descubiertos por Ebers, Brugsch, Leida y Hearst permiten reconstruir toda la farmacopea egipcia, con sus preparaciones terapéuticas y mágicas. Historiadores y poetas, Herodoto, Diodoro, Plinio, confirman y subrayan la ciencia herborista y misteriosa que poseían los pueblos del Nilo y los habitantes de Mesopotamia.

Sabemos que misterios secretos se practicaban en los templos, lugares donde el poder mágico era indiscutible e ilimitado.

Con el tiempo, esta actividad sagrada y divina pasó a manos de vulgares hechiceros y magos. A partir de este momento, la magia se convirtió en un medio para enriquecerse. Explotados por hombres sin escrúpulos, ungüentos y perfumes mágicos se convirtieron en armas mortíferas.

Aquellos hombres prometían lo imposible; a veces, a la gente le gusta ser engañada. Los magos, con rituales esotéricos, conseguían invocar y atraer a la tierra a los espíritus infernales del reino de Hades. Píndaro, Teócrito, Virgilio, Horacio, Ovidio, Juvenal, Lucano y otros poetas nos han dejado descripciones extraordinarias.

La magia greco romana de las plantas

De episodios mágicos de la época greco romana. Aquellos hechiceros no solamente prometían curaciones milagrosas, sino también el retorno del reino de los muertos. Amianto Marcelino cuenta que aquel arte comercializado era particularmente floreciente en Caldea, de donde había sido importado por diversos países y finalmente por Roma.

La Urbe, la Ciudad, en adelante centro del mundo, atraía la curiosidad de las gentes… y los negocios. Horacio y Juve- nal nos hablan en sus escritos de las hechiceras de la ciudad; a través de ellos conocemos a Lo custa, Martina y Canidia, tristemente famosas.

Sin embargo, como en manos de personas tan poco dignas de confianza, la utilización de las plantas y de las hierbas, en lugar de conducir a propósitos justos y terapéuticos, provocaba a menudo lesiones y daños irreparables, los legisladores romanos intervinieron para poner freno a aquellos procedimientos criminales.

La justicia romana castigó sin piedad a aquellos que se dedicaban a preparar diversos ungüentos y pociones. No obstante, como suele ocurrir con frecuencia, lo que la ley prohibía empezó a proliferar clandestinamente. En la Urbe floreció un tráfico inmundo de estupefacientes, de pócimas mortales, de filtros mágicos distribuidos fraudulentamente por una multitud de aventureros.

 De dónde viene la magia de las plantas

Consecuencias de usar la magia de las plantas

No por ello descuidaron las autoridades su tarea. La magia de las plantas resultaba sospechosa; era algo que no encajaba con la mentalidad rigurosa de los romanos, lo mismo que tampoco encajaban en Roma la sinagoga, aun que fuese tolerada, y el cristianismo. Se pro dujo una especie de caza de hechiceros, que en ocasiones afectaba y castigaba a inocentes.

A decir verdad, no sólo en Roma sino también en Egipto, en Siria, en Babilonia y en Persia, las autoridades eran extremadamente severas con respecto a las diferentes formas de magia. En Grecia, muy especialmente, tales prácticas eran consideradas totalmente escandalosas.

Pero regresemos a Roma. La legislación contra los encantamientos a base de plantas y hierbas variadas vio la luz con las leyes de las XII Tablas, primeras normas escritas de la República, redactadas en el año 451 antes de J.C. Fue en virtud de estas leyes que L. Pituanius, acusado de practicar la magia, fue precipitado desde lo alto de la roca Tarpeya. Sabemos tam bién que un tal P. Martius fue expulsado de la ciudad y lapidado al cruzar la puerta Esquilina.

En el año 721 después de la fundación de la Urbe (32 antes de J.C.), durante el triunvirato de Octavio, Antonio y Lépido, magos y astrólogos, fueron perseguidos implacablemente. Un jurista incluso llegó a considerarles acreedores a la deportación y a la crucifixión.

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