Curiosidades del Maní y la Carne

En Buenos Aires es frecuente ver en especial cuando los fríos invernales aprietan, a la clásica figura del vendedor ambulante de maníes o cacahuates, que algunos sectores del pueblo argentino suelen llamar, erróneamente, “manises” a pesar de los ciclópeos esfuerzos de sus lingüistas.

El vendedor ambulante de manís es por regla general un anciano italiano, de esos que en sus años mozos vinieron a la Argentina con el propósito de “hacer la América”, y efectivamente la hicieron, ya que en los últimos años del siglo anterior y primeros del presente se podía “hacer la América” de la forma menos pensada.

Muchas fortunas actuales se deben a lotes de terreno adquiridos en lugares apartados, sin empedrar, ante caminos de tierra; lugares que se han convertido hoy en barrios de Buenos Aires. Otras fortunas se hicieron con la venta de agua. Si, lector, con la venta de agua. Las jóvenes generaciones no lo comprenderían ya, ni lo creen, cuando se les dice.

Curiosidades del Maní y la Carne

La relación inigualable entre la alimentación y la vejez 

Bien, el anciano vendedor de cacahuates, que por cinco centavos llena un cucurucho del tamaño de un puño, no sabe quizá, en la mayoría de los casos, que está vendiendo a precio ínfimo un gran alimento. Como tampoco lo saben quiénes lo compran, para engañar una espera en una esquina, o amenizar un viaje en tren, de pueblo en pueblo.

Cacahve, cacahuete o maní, y a veces cacahuate (si hay una lengua rice, en sinónimos es la cervantina), planta leguminosa americana que da los frutos homónimos, es conocida entre los portugueses por arachide, y entre los franceses por cacahuet te o pistache de ierre. Igual que en Buenos Aires, los mexicanos pueden adquirirlos cuando en sus ferias el vendedor grita:

— ¡Pasen al ruido de uña, dorado y tostado!…

Hay una historia extraordinaria, en torno de este humilde fruto de la tierra. Pocos habrán oído hablar, sin duda, de Amadeo Obici, italiano, que pisó suelo neoyorquino en 1889. Era uno de tantos vendedores callejeros de maní. Durante mucho tiempo Amadeo Obici hizo su humilde ocupación en las calles de Nueva York. Al fin, cuando a fuerza de reducir sus comidas logró ahorrar algún dinero, alquiló un local, en veinticinco dólares. Adquirió un caballo y también una muía. Un jornalero y cuatro muchachas fueron pronto tomados por él, para ayudarle a pelar sus cacahuates. Poseedor da un sentido avispado de publicidad, Amadeo Obici obsequió a los niños su mercancía, y su negocio progresó rápidamente.

Curiosidades del Maní y la Carne

Opiniones encontradas sobre la importancia de la alimentación

El progreso no se detiene, andando los años, el cacahuate se convirtió en una materia Utilísima para la industria, la que girando con diez millones de dólares, por la parte baja, extrae del humildísimo maní una veintena de productos.

Por su lado, los hombres de ciencia han podido afirmar que el cacahuate tiene buenas proporciones de fósforo, de proteínas, de vitamina B, de hierro.

De ahí que haya que comer más maníes, lector.

 

¿Es posible que la carne pueda ser sustituida?

He aquí el problema que de resolverse satisfactoriamente, daría a los partidarios del vegetarianismo un arma poderosa, un argumento eficacia para defender su doctrina. En efecto, la casi absoluta insustancialidad de la carne, por las proteínas que contiene, es la razón que aducen siempre los carnivoristas.

La avena arrollada tiene proteína, es verdad, pero se trata de un alimento empalagoso, pesado, que no todos los paladares ni todos los estómagos pueden resistir durante largo tiempo. Los vegetarianos requerían, para el mejor logro de sus gestiones propagandistas, un sustituto reclutado entre los mil y mil vegetales con que integran su cocina diaria.

Curiosidades del Maní y la Carne

Pasas de uvas y el buen consumo de la uva 

Y bien, parece que ya lo tienen. Hablamos de lo que los norteamericanos llaman hoy yest meat (carne de levadura). Es la levadura se combina con trigo, por ejemplo, y es excelente, por su valor nutritivo y proteínico. Fácilmente elaborable, de poco costo, el mundo del próximo mañana tendrá en este producto un gran colaborador, especialmente en aquellos países de poco desarrollo ganadero, donde la carne importada, no pueda ofrecerse al público a precios acomodados.

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