Alimentación saludable en las afecciones cardíacas y vasculares

De regreso de una excursión al Sanatorio de Nuestra Señora de Lourdes, y de paso a Pau, en esta encantadora ciudad sufrí un accidente. Una bicicleta, es decir, un ciclista, me rompió la cabeza; de resultas de aquello el corazón no marchaba bien, la circulación de la sangre no era perfecta, a la cabeza no llegaba la sangre con normalidad, “la vena aorta”… algo dijo el doctor que no iba bien. En fin, inyecciones, régimen alimenticio, etc.

Hoy, según el doctor dice, estoy de maravilla y no es extraño. Tengo un excelente apetito, tengo verdadera ilusión por mi tra­bajo, hago ejercicios igual que cuando tenía veinte años, todavía no me canso… ¡ah!, y los ejercicios de huerta los hago como el primer labrador. ¡El campo me quita el sueño!

Así es que verda­deramente disfruto de una perfecta salud. El doctor, con sus in­yecciones y diagnósticos, triunfó, pero mi labor también fue de mérito: la alimentación fué cosa propia y, por lo tanto, mis con­sejos a otros enfermos son realmente sinceros y puramente téc­nicos gastronómicos.

Este régimen alimenticio es de verdadera importancia. Un ré­gimen poco apropiado puede ser causa de accidente grave; sin embargo, un régimen adecuado permite al cardíaco durante largo tiempo llevar este régimen sin sufrimiento.

Cardiopatias compensadas

Lesiones valvulares, miocarditis, pericarditis.
El régimen que mejor responde a estas indicaciones es el ré­gimen lácteo-ovo-vegetariano hipoclosurado.
El régimen lácteo puro no está indicado aquí porque no puede seguirse durante largos años. Inconveniente: se reserva para los períodos de “asislolie”.

El régimen mixto rico en carne es malo porque estriñe, irrita los riñones, el hígado y desenmascara antes de tiempo una “meiu- pragie” funcional de sus órganos; sin embargo, en los cardiopá- ticos bien compensados, y en los individuos jóvenes, se podrá to­lerar una pequeña cantidad de carne en la comida del mediodía.

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Comidas

El régimen constará de tres o cuatro comidas al día, poco abun­dantes, de manera a no sobrecargar el trabajo digestivo y a evitar la sobrealimentación. Esto sería doblemente peligroso: por la dis­pepsia que provoca y por la obesidad, que es una causa grande de la debilitación del corazón. La comida o cena de la noche será, sobre todo, muy ligera,, sin carne, para no tener una digestión larga y no entorpecer el sueño.

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Bebidas

Como bebidas, el agua pura, las aguas diuréticas o las aguas muy ligeramente mineralizadas. La cerveza, la sidra, los vinos blancos o tintos están permiti­dos, a menos de contraindicación especial resultante de la dispepsia, pero siempre en pequeñas dosis. Un vasito de Valdepeñas, Rioja o una caña grande de cerveza o sidra en cada comida.

Las infusiones calientes —tila, manzanilla, de hoja de naranjo, de rabos de cereza— son excelentes bebidas en las comidas de los disépticos. El té y el café se tomarán en pequeñas dosis, vigilan­do sus efectos; serán prohibidos en los cardíacos que sufran pal­pitaciones.

El extracto de malta, el jugo de limón del tiempo, el jugo de uvas, esterilizados, son útiles para luchar contra el estreñimiento.
¿Deben beber poco o mucho los cardíacos? Es esta una cues­tión que ha sido muy discutida. Se sabe que Oertel basa en la reducción de las bebidas y en el ejercicio progresivo el régimen para los cardíacos; pero este régimen trata sobre todo del corazón de los obesos.

Existe un temor al aumentar con las bebidas abundantes la masa sanguínea y la presión arterial y, como consecuencia, fatigar el corazón. Este temor no está justificado más que en los cardía­cos de “asystolie”, que hacen una retención clorurada, porque, en este caso, los cloruros retenidos retienen a su vez el agua.

Cuando el riñón funciona bien y los cloruros no están rete­nidos, el agua de las bebidas se eliminan muy rápidamente y no resulta la hipertensión arterial permanente.

Como, por otra parte, las bebidas favorecen la expulsión de las sobras orgánicas y lavan los riñones, hay una ventaja en per­mitirlas bastante abundantes. Se tomarán con preferencia fuera de las comidas, porque la alimentación se hace entonces más rá­pidamente.

La cuestión de la cantidad de bebida en los cardíacos parece dominada por la de eliminación de los cloruros. Cuando el cardía­co elimina bien los cloruros y se tiene la precaución de mante­nerle en un régimen hipoclorurado, se le puede permitir beber en una dosis más que mediana, sin perjuicio para su corazón.

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En el régimen de alimentación se permitirá:

  • Pan, bizcochos.
  • Cereales, harinas, arroz, pastas alimenticias, patatas.
  • Legumbres secas, verduras frescas.
  • Huevos pasados por agua, revueltos, o tortillas muy jugosas, casi crudas.
  • Leche y alimentos con leche.
  • Pescados blancos o rojos, asados al horno o a la parrilla.
  • Carnes blancas o rojas, asadas a la parrilla o al horno.
  • Aves asadas o salteadas.
  • Frutas del tiempo o compotas.
  • Pastelería variada.
  • No se permite
  • Las conservas de pescados, carnes o caza.
  • Los crustáceos y moluscos.
  • Carnes duras, rojas o blancas.
  • La caza, sobre todo el faisán.
  • El repollo, cardo y coliflor.
  • Quesos grasos, fuertes y secos.
  • Especias y salsas fuertes concentradas.
  • Sal muy poca (de 8 a 10 gramos al día), teniendo en cuenta que una pizca de sal contiene de 3,5 a 4 gramos.

Afecciones cardiaco-arteriales (aortitis)

Se prescribirá el mismo régimen lácteo-vegetariano hipercloru- rado, sin demasiado aderezo de especias. El médico vigilará la ten­sión arterial, siendo la carne y sus derivados agentes de la hi­pertensión. En cuanto a las bebidas, si no hay retención clorurada y si el régimen es hipoclorurado, la abundancia de bebidas es más útil que nocivo y no aumenta la hipertensión.

Accidentes y complicaciones

Durante el curso de la aortitis aparece frecuentemente un ac­cidente terrible: la “angina de pecho”. Esta exige un régimen de los más severos, lácteo-vegetariano declorurado, y comidas muy poco abundantes para evitar lo más posible las causas de la exci­tación del corazón.

Cardiopatias no compensadas (aystolie)

Al principio del tratamiento se impondrá la dieta hídrica o, mejor todavía, agua “Lactosée” a 50 p. 1.000.
La cantidad de bebidas será durante los primeros días lo más reducida posible, porque mientras que la diuresia no esté restable­cida, el agua pura no sirve más que para aumentar la masa san­guínea y los edemas y, por consiguiente, el trabajo del corazón. Desde que, bajo la influencia del “Digital”, el corazón ha re­cuperado las fuerzas y que la diuresis se restablece, se puede au­mentar la cantidad de bebidas.

El agua “Lactosée” es todavía ex­celente, a causa de sus propiedades diuréticas y laxativas. Se añade la leche en dosis progresivas; pero la cantidad de este ali­mento no debe ser jamás considerable porque las sobras de su combustión estorbarían la circulación. Cuando la crisis “asystolie” ha terminado, se prescribe un régimen lácteo-vegetariano decloru­rado ; después, vigilando siempre el peso del enfermo, se aumenta progresivamente la dosis de sal, para volver al régimen lácteo-ve­getariano hipoclorurado.

Trastornos cardíacos en los obesos

En este caso, sobre todo en los primeros períodos, la alimen­tación tiene un papel primordial.

Angioscleroses

Un régimen mixto, con predominancia lácteo-vegetariano, con muy poca carne y muy poca sal.

Atherome

El régimen lácteo-vegetariano, que conviene al “angioscleroso”, tiene el defecto de contener mucha sustancia caliza. La leche y los vegetales son alimentos más ricos en cal que la carne.

Loeper y Gouratid clasifican en tres categorías los alimentos sugún su contenido de sal.

  1. Leche de vaca, huevos, quesos, habas, cebollas, coles, gui­santes, fresas.
    Alimentos muy ricos en cal, cuyo coeficiente sobrepasa el 2 por 1.000.
  2. Leche de burra, guisantes corrientes, judías, lentejas, co­liflor.
    Alimentos medianamente ricos en sal, cuyo coeficiente varía entre 1 y 2 por 1.000
  3. Pan, carne, sesos, patatas, pescados, guisantes de Valen­
    cia, espárragos de Aranjuez, manzanas reineta, ciruelas, cerezas y peras.
    Alimentos pobres en cal, cuyo coeficiente es inferior a 1 por 1.000.
    Bebidas: las que contienen cal raramente sobrepasan los 30 gra­mos por litro de vino, de sidra, de peras o de cerveza. Alcanza 20 gramos el agua de Vichy, 50 y más en ciertas aguas gaseosas, o sea que las más peligrosas son la leche, el caldo, las verduras y el puré.

Deben prohibirse la leche, las verduras y alimentos con carne a los “atheromatosos”

No, ciertamente, porque se conoce desde hace mucho tiempo los buenos efectos de la leche contra los accidentes que pueden presentar estos enfermos. Se autoriza, pues, la leche en dosis moderadas, y se indicará entre los vegetales los que contienen menos cal.

El régimen eme conviene al “angioscleroso” v al “atherome” puede, en definitiva, formularse en el régimen mixto con tenden­cia al lácteo-vegetariano. Evitar los alimentos hechos con leche y las leches fermentadas yogurt.

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Huevos:

uno o dos al día.

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Vegetales:

con preferencia arroz, cereales, patatas, pastas ali­menticias, manzanas, peras, ciruelas, cereza, pan.
Salar los alimentos con 6-7 gramos de sal al día.
Bebidas abundantes, principalmente fuera de las comidas: vino, cerveza y sidra, y en pequeña cantidad agua caliza.

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